LA FAMILIA GUANTAMERA.
UN DIA EN EL RIO,
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Saturday, April 28, 2018
Thursday, February 9, 2017
UN DIA EN UN RIO DE GUANTANAMO CON LA FAMILIA
UN DIA EN UN
RIO DE GUANTANAMO CON LA FAMILIA
Después de 18 años sin visitar la isla
de Cuba desde Uruguay me dan permiso para ir. Sin miedo a los gendarmes me
paseo por la ciudad de Guantánamo.
La familia decide ir al rio, no un rio
como los de aquí, sino algo como un arroyo caudaloso que llega a la cintura.
Mi
sobrino Joe como buen cubano se ha agenciado y ha transformado una camioneta
Chevrolet de los 50’ en un moderno tráiler de transporte para dar viajes a La
Habana y así ganar unos dólares que mal no vienen.
Hace un calor insoportable. Llevamos un
cerdo ya carneado, arroz, frijoles y plantones pintones. Yo voy delante junto
al chofer que es primo mío. Por el camino compramos cerveza y la echamos en una
tina de plástico duro y aserrín. Mi
madre va a mi lado y se estrecha contra mí como si fuera a perderme.
Por el camino hay árboles de tamarindo lleno
de fruto y más delante de mango coloridos que aquí no en Uruguay raramente se
ven.
Subiendo la loma de La Farola veo los
edificios a lo lejos de la Base Naval Americana que me trae traumáticos
recuerdos.
Por fin llegamos a una entrada por donde
cabe fácilmente un camión y nos introducimos por él hasta una explanada rodeada
de mangales en plena parición.
Nos bajamos y aquello parece un ejército.
Los niños corren a los frutos y los mayores al rio. Allí nos ordenamos. Rubén
mi hermano hace un fuego con leña y
coloca la carne sobre una parrillada. Mientras mi esposa, discreta para no
llamar la atención, va pelando los plátanos y mi suegra prepara el arroz con
frijoles.
Mi hermano, que también vive en el Uruguay
ha traído a su esposa uruguaya la cual se harta de mango en el rio: mangos rojos, grandes, pulposos,
difícil resistir a la tentación. Después lo pagaría con una diarrea
incontrolable, no tiene enzimas para digerir tanta carga.
Yo me introduzco en el agua con mi hijo
Orlandito y retozamos alegres, después
se une mi hija Jennifer y nos echamos agua como tres niños. Y viene el resto de
la familia: Joe y su esposa y sus hijos y otros primos a bañarse y a mantener
la espalda debajo del agua porque el sol quema. Yo me siento junto a mama y mi
hermano uruguayo y la lanzamos al rio con ropa y toda. Ella se queja pero se
nota que le gusta.
Van sacando la cervezas frías ¡Están
deliciosas! Yo sigo en el agua mirando a
mis hijos y mi corazón se oprime. Menos mal que mi rostro esta mojado y no ven
las lágrimas.
Nos llaman a comer. El congrí con plátano pintón
está bueno y el pedazo de lechón es lo mejor. Yo me harto hasta que no doy más.
Así hacen los demás. Yo tiro fotos a los
grupos en distintas faenas y divirtiéndose en el agua. Miro a mis hijos por
debajo del agua y parecen un caleidoscopio diluido que se ha mojado para
siempre.
Después de esperar un rato nos vamos a bañar
y a dejarnos arrastrar por la corriente
unos metros sin perdernos de vista. Los muchachos han traído una botella de
Habana Club y haciendo un círculo van pasándola uno a uno mientras bromean
alegres. Yo no participo, estoy sentado
al lado de mi madre y le paso un brazo por el hombro. Mi otro hermano hace lo
mismo.
Anochece. Los chicos recogen mangos para
llevarlos casa y seguir comiendo. Volvemos ya en plena noche. Mi mujer me
prepara un potaje de frijol colorado que
me cae bien. Ya bañado, salgo al corredor a tomar el fresco y no sé por qué
estoy molesto. Extraño a Uruguay. Siento que después de 18 años he echado
raíces allí, es donde pertenezco y que a Guantánamo voy como turista.
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